Inside Out 2: ¿era necesario?

Reflexiones sobre las segundas partes al hilo del último estreno de Pixar

La semana pasada fui a ver Inside Out 2 (Kelsey Mann, 2024), lo último de Pixar. Se está hablando mucho sobre esta película. Y es que había muchas expectativas para ver si la producción alcanzaría la calidad de la primera, una producción estrenada hace nueve años que llamó poderosamente la atención por la maestría con la que lograba explicar las dinámicas de nuestros sentimientos. Cuenta Pete Docter, director de la cinta y cabeza creativa de la compañía de Luxo Jr. desde que Lasseter fuera apartado, que la historia se le ocurrió llevando a su hija pequeña al colegio. Mientras conducía, la miraba por el retrovisor, sentada en el asiento de atrás, e intentaba entablar una conversación con ella. Ante las negativas de la niña, y al sentirse incapaz de comprender su comportamiento, Docter no dejaba de preguntarse: «¿Qué tendrá en la cabeza?». Y como sucede en la película, una bombilla se encendió en el cuadro de mandos. El resultado fue un filme alabado por psicólogos y expertos en educación, así como por la crítica y la taquilla.

Por eso, cuando se anunció el estreno de una segunda parte, la reacción fue tan entusiasta como precavida. Tal vez en el imaginario colectivo de muchos, e incluso en su sistema de creencias (haciendo referencia a un elemento de la película), están grabadas a fuego aquellas palabras de Cervantes: las segundas partes nunca fueron buenas. No obstante, Pixar se ha encargado de hacernos ver que no siempre es así, o al menos, que no siempre ha sido así. Tal vez un poco de historia ayudará a entender a qué me refiero.

Ed Catmull, el que fuera uno de los creadores de Pixar, publicó hace unos años un libro imprescindible para todo aquél que tenga cierto interés creativo: Creatividad S.A.: Cómo llevar la inspiración hasta el infinito y más allá (CONECTA 2014). Allí el autor explica que uno de los principios creativos que guían a la compañía pionera de la animación 3D es story first: lo primero es la historia. Es decir, más allá de su constante capacidad de innovación tecnológica y visual, si la trama de la película no está cuidada, lo demás no importa. Movidos por esta convicción, tras el éxito de Toy Story (1995), Disney, con quien Pixar había firmado un acuerdo para su realización, insistió en la necesidad de estrenar una segunda parte televisiva. Querían seguir así una estrategia comúnmente empleada por la compañía de Walt, que consistía en lanzar la secuela de un título exitoso en formato casero para seguir beneficiándose económicamente. Si nos fijamos en la filmografía de Disney, veremos que está llena de segundas partes malillas, que en muchos casos no hacen más que replicar la fórmula de la primera, introduciendo algún personaje o una trama con nuevas complicaciones. De este modo, ante esta petición, los de Pixar se negaron, poniendo por delante su principio de que las historias son lo primero, más allá de las herramientas comerciales. Por ello, cuenta Catmull con orgullo que se decidieron a no hacer una segunda parte hasta que tuvieran una historia original que pudiera superar a la anterior, algo que sucede en Toy Story 2 (1999) y Toy Story 3 (2010), trasladando este principio el estreno de la tercera entrega quince años después de la original. Además, no se lanzaría en DVD ni VHS, sino directamente en salas, algo que parece lógico en los planteamientos del mercado actual.

Pixar siguió con este principio durante años, y las películas que tienen secuelas pueden contarse con los dedos de una mano. Junto a la historia de los juguetes de Andy, tan solo Monstruos S.A. (2001), Buscando a Nemo (2003), Los Increíbles (2004), Cars (2006) y ahora Inside Out (2015) tienen una segunda o una tercera parte. Y en muchos casos, la distancia que las separa es de unos diez años.

No obstante, si hacemos el ejercicio de googlear «próximas películas de Disney» (incluyendo todas sus marcas: Pixar, Lucas Films, Marvel), nos encontramos con una generosa programación de secuelas, precuelas o historias derivadas de grandes éxitos, frente a un casi imperceptible número de películas originales. Bien es cierto que en muchos casos la reacción es de entusiasmo entre el público, que podrá seguir disfrutando de sus personajes favoritos. No obstante, revela algo que se acrecienta con los años, y es la ausencia de títulos novedosos, que no se sabe muy bien si parte de una falta de creatividad entre los guionistas o del miedo a los costosos fracasos. Inside Out 2 está haciendo unos números en taquilla que los de Disney casi no veían desde antes de la pandemia. Por eso, es lógico que se planteen qué necesidad hay de innovar, pudiendo tirar de un hilo que tiene carrete.

Parece que nadie está pensando en qué pasará cuando nos cansemos de esos personajes. Ni siquiera se está escarmentando en cabeza ajena, mirando el ejemplo de DreamWorks, que tras el estreno de las innumerables secuelas agotadoras de Shrek, Madagascar, Kung Fu Panda o Cómo entrenar a tu dragón no son capaces de sacar una nueva historia que convenza el público.

En este panorama, cabe preguntarse, ¿responde Inside Out 2 a una estrategia de marketing o realmente se guía bajo el principio de Pixar de poner las historias por encima de lo demás? Con esta cuestión y cierta actitud de sospecha acudí a ver la película. Las expectativas eran bajas, y la historia me sorprendió gratamente. Es tan entretenida como la primera, aunque no tiene el punto de creatividad y novedad de la anterior, pues no es más que una repetición de motivos que funcionan. Incluso estructuralmente, resulta una copia de la cinta de Docter, casi diría un calco. Pese a eso, los nuevos personajes son divertidos, profundos y pertinentes. Presenta la narración una interesante manera de explicar cómo opera la ansiedad y ofrece una valiosa interpretación de lo que los psicólogos llaman el sistema de creencias.

¿Y hacía falta Inside Out 2? Cuando se estrenó Toy Story 4 (2019) Jaume Figa escribió que la película no era necesaria, pero chico, ahí está, y funciona. Algo similar diría de lo último de Pixar. La película no aporta mucha novedad, aunque es buena y entretenida. El riesgo está en que Disney se lance a por una tercera parte, viendo el éxito que ha tenido. Entonces se confirmará que la compañía de Mickey Mouse ha optado por lo seguro, a pesar de proclamar que «Stories Matter» (las historias importan), aunque ese ya os otro tema, tal vez para una futura entrada.

Publicado por nacholaguía

Me llamo Nacho Laguía Cassany. Nací en Teruel (1998). Soy Doctor en Comunicación por la Universidad de Navarra. Anteriormente, estudié Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra (Com20) y posteriormente hice un máster en Gobierno y Cultura de las Organizaciones. Investigo en el ámbito de la narrativa del cine de animación, especialmente en el papel del héroe posmoderno y la crisis del mito. Me gusta escribir y hablar sobre cine.

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