DreamWorks se ha vuelto adulto… a ratos

En entradas anteriores he comentado el espíritu gamberro que define a DreamWorks, esa gran compañía de animación que nos ha regalado sagas como Kung Fu Panda, Madagascar o Cómo entrenar a tu dragón. Gamberro porque, en un intento de distanciarse de Disney, basaron su humor en la creación de una comedia con doble nivel de lectura, irreverente y un tanto superficial. No me alargo porque no me quiero repetir, pero basta con ver películas como Shrek o Antz (o leer lo que he escrito sobre el tema) para entender lo que estoy diciendo.

No obstante, algo cambió hace apenas tres años.

En 2022 se anunciaba el estreno de El gato con botas: el último deseo. La película era una secuela de aquella estrenada en 2011, y que se basaba en el personaje creado por los Grimm y que se popularizó en las entregas de Shrek. El gato con botas es un felino con calzado de invierno, reinterpretación animada de El Zorro que, como el héroe hispano enmascarado, recibía la voz de Antonio Banderas (que es algo así como el primo que se fue a triunfar a América y que vuelve en Semana Santa para las procesiones).

La película de 2011 -recuerdo haberla vista en un cine de una provincia catalana- sigue con la estela de Shrek, y, aunque sin la carga subversiva del ogro de la ciénaga, se sirve de elementos de cuentos de hadas para componer un relato humorístico sencillo, divertido y algo maleducado. Sin embargo, la nueva versión, sin perder la frescura y el genio que le da su simpático protagonista, de golpe, se pone seria para hablar de la muerte.

El relato se pone en la piel del héroe felino tras un accidente en el cual ha perdido una vida (juega con la idea de que los gatos tienen siete). No obstante, no es una vida más de las que ha malgastado en juergas y otras frivolidades, sino que inicia su última. Se queda sin oportunidades, y, de pronto, se encuentra sin nadie a quien amar ni un proyecto de vida que valga la pena.

Es como si un atisbo de madurez surgiera inesperadamente y DreamWorks se vuelve adulto para hablar, con gran acierto y profundidad de un tema complejo. No es que la cuestión de la muerte sea algo nuevo en la historia de la animación, pues Disney tiene un gran historial matando padres y madres de sus protagonistas animados. Pero de repente nos encontramos con un personaje que teme la muerte al encontrarse frente a ella, que viendo el final cerca decide cambiar de vida, e incluye un aprendizaje y un mensaje que rara vez se encuentra en una película familiar con tanto acierto (no cuento más para que la veas, si todavía no lo has hecho).

Podría pensarse que esta película se trata de un caso aislado en la filmografía de DreamWorks. Algo así como una especie de concesión a un director de cine con el que la productora tenía un temilla pendiente. Pero dos años después, en 2024, aparece Wild Robot, un relato magistral que viene a confirmar que ya no es pelusilla lo que crece debajo de la nariz, sino un bigote como Dios manda (es decir, que la compañía está madurando, por si no se ha entendido la imagen empleada, un poco rara, puede ser).

Basada en la novela de Peter Brown, la película sigue a Roz, un robot asistente inteligente que debido a un naufragio acaba en una isla en la que sólo hay vida animal salvaje. De nuevo, sin afán de destripar la trama, la película se adentra en temas como la maternidad, el cuidado, la identidad, y, en otro plano, la relación entre la naturaleza y la tecnología. Y lo hace sin perder el sentido del humor. Personalmente, al ver el trailer, me dio algo de perecilla, pero me pareció una película extraordinaria, positiva, visualmente muy atractiva y profunda. De nuevo, muy distinta a lo que DreamWorks nos tiene acostumbrados.

En conjunto, estos dos títulos parecen sugerir que la compañía de animación está buscando encontrar su sitio, madurar, cambiar, pasar página. A la vez, quieren demostrar al mundo que siguen siendo los mismos, con secuelas infinitas de películas que funcionan bien. Es como ese niño que comienza a madurar y descubre que hay un mundo más allá de sus tonterías, pero tiene creado su estatus de gamberro que no quiere perder para no decepcionar a sus amigos. A ratos, vuelve a sus bromas de siempre, pero en el fondo se atisba un deseo de ser algo más, y con estas dos producciones DreamWorks ha demostrado que puede serlo.

Habrá que estar atento a títulos posteriores para ver si esta tendencia se confirma o, por el contrario, son solo espejismos de lo que podría haber sido.

Publicado por nacholaguía

Me llamo Nacho Laguía Cassany. Nací en Teruel (1998). Soy Doctor en Comunicación por la Universidad de Navarra. Anteriormente, estudié Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra (Com20) y posteriormente hice un máster en Gobierno y Cultura de las Organizaciones. Investigo en el ámbito de la narrativa del cine de animación, especialmente en el papel del héroe posmoderno y la crisis del mito. Me gusta escribir y hablar sobre cine.

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