¿Qué te parece este título «clickbait»? Me lo ha dado la IA. Pero el texto que sigue es 100% humano.
El otro día estuve viendo la última película de Pixar: Hoppers (Daniel Chong, 2026). En la sesión de las 16:15, que es la mejor hora para ver cine familiar (que no infantil), porque los niños todavía siguen en las aulas, y porque la gente está haciendo la digestión y no pide palomitas (algunos piden regaliz rojo, es un fenómeno al alza). Pienso que si Pixar quisiera hacer de nuevo películas creativas, como las de antes, tal vez encontraría inspiración en los pocos personajes que encuentras en una sesión a las 16:15.
Más allá de la cuestión sociológica, la película no me sorprendió, pero tampoco me decepcionó, porque iba sin expectativas. El último título de la productora, Elio (Adrian Molina, Domee Shi, Madeline Sharafian, 2025) sirvió para confirmar que aquel Pixar que tenía poder para emocionar, sugerir y cautivar estaba dormido. Aunque, visto lo visto, empiezo a pensar que está muerto.
En cuanto a los aspectos técnicos, tan solo diré que la animación me pareció sencilla hasta el extremo. Visualmente agradable, pero poco genuina. Parece que los estudios de 3D llevan algunos años en búsqueda de nuevos estilos atractivos, novedosos y que suplan con la imagen aquello que no son capaces de provocar con las historias. Para Hoppers han optado por unos personajes «cute», y unas expresiones y movimientos claramente influenciados por los animes y la animación asiática que cada vez despierta más interés en el público occidental. Por otro lado, la banda sonora de Mark Mothersbaugh te deja frío e indiferente, nada que ver con los acordes memorables de Michael Giacchino para Up o Randy Newman para Toy Story o Monstruos S.A.
En cuanto a la narración (y aquí es donde me quiero centrar), la historia es bien sencilla, y el conflicto tiene un algo que suena a ya visto. Sin afán de destriparla (porque a pesar de que parece que no voy a dejar piedra sobre piedra es una película entretenida y divertida), diré que hay tres elementos del mejor Pixar que he echado en falta en esta película.
En primer lugar, carece de una premisa creativa. Como han explicado cientos de veces los genios que inauguraron el estudio, muchos de los proyectos surgieron de preguntas curiosas e imaginativas que dieron lugar a narraciones ingeniosas. ¿Qué hacen los juguetes cuando los niños no miran? ¿Cómo funciona la mente de una adolescente? ¿Cómo es el mundo al otro lado del armario de la habitación de un niño?, o ¿te imaginas que el mejor chef de Francia es una rata? Seguro que estas preguntas te llevan inmediatamente a los universos de las grandes películas de Pixar (a no ser que lleves los últimos treinta años en una comunidad Amish). Pero, ¿y en Hoppers? La premisa sería algo así como «una joven amante de los animales transfiere su conciencia a un animal robótico para infiltrarse en el mundo natural y salvar el hábitat de los animales de una amenaza humana». No sé tú, pero a mí el rollo de «chica salva a los animales de las máquinas» me sonaba a algo ya visto. Tengo el vago recuerdo de una película de perros parecida.
En segundo lugar, y entrando más al ámbito de lo opinable, los personajes de Hoppers no son, ni de lejos, los memorables protagonistas de otros títulos de Pixar. Son divertidos y están bien construidos, pero no emocionan igual. Mabel, la protagonista, de repente llora porque piensa que le sale todo mal, o tiene ataques de ira incontrolables de los que luego se arrepiente. Pero más que provocar empatía, dan ganas de darle una tila para que se relaje. Buzz y Woody nos demostraron que las diferencias no son un obstáculo para una amistad que puede con todo. Igual que Rayo y Mate. En los problemas adolescentes de Riley nos pudimos ver reflejados, igual que en los problemas familiares de Mérida o de cualquier miembro de la familia de Los increíbles. Pero, con perdón, las frustraciones de Mabel me dejan bastante frío.
Y en tercer lugar, el final, aunque bonito y positivo (sin spoilers), carece de ese giro creativo que te lleva la película a un nivel de emoción y catarsis difícil de encontrar en otros títulos de animación fuera de Pixar. Solo piensa en el final de Monstruos S.A., cuando Boo debe cruzar de nuevo la puerta del armario; o en el de Toy Story 3, cuando Andy comparte sus juguetes de la infancia con Bonnie.
Como digo, la película entretiene, y es fácil de ver. Pero es cuestión de meses que quede en el olvido. Como amante del Pixar primigenio, sigo esperando en cada estreno destellos de lo que fue, pero mi desilusión aumenta tras cada visionado. Veneremos a nuestros muertos, preservemos el mito de aquellos que refundaron la animación y afrontemos el duelo como un proceso de sanación.

2 comentarios sobre “3 cosas que Pixar hacía mejor antes de Hoppers”