Reescribiendo a los malos. Cómo Disney ha cambiado nuestra mirada sobre los antagonistas

En muchas de las historias clásicas de Disney, como en los cuentos de hadas, para que haya un «felices para siempre» se requiere la muerte del villano. La bruja de Blancanieves se despeña por un precipicio después de que un rayo parta la roca sobre la que está posada. La falsa madre de Rapunzel también se despeña, pero desde lo alto de una torre, después de tropezarse con la cabellera rubia de la princesa. Y hablando de despeñarse, lo mismo le sucede a Gastón, el antagonista de La Bella y la Bestia. No es casualidad tan desgraciado sino. Y no tiene que ver con el miedo de Disney a las alturas, sino con el descenso a los infiernos, lugar que ocupan los antagonistas como castigo por su acción vil, por oponerse a la felicidad de los protagonistas. Seguro que si te pones a pensar se te ocurren otros ejemplos de muertes violentas.

El castigo rotundo del mal tiene una explicación simbólica y otra educativa. Simbólica porque funciona como recordatorio de la existencia del bien y del mal, y de cómo nuestras acciones tienen repercusiones. La victoria de la princesa y del héroe nos recuerdan que la valentía, la bondad y la belleza siempre tienen premio. Y los que se oponen a ello sufrirán severas consecuencias. Educativa, en tanto que sirve para instruir a un público infantil de la importancia de los valores y de las virtudes.

Ahora bien, en los últimos años han aparecido varios casos que parecen marcar distancia de este modelo. Los conceptos antagonista/villano/malo, que normalmente se interpretan como sinónimos, se desligan. De este modo, el antagonista no siempre es malo, sino que la realidad es más compleja. Vamos a ver varios ejemplos de Disney que ayudarán a entender a qué me refiero.

En 2021 Disney estrena Encanto, una simpática y colorida película, inspirada en el realismo mágico de García Márquez. La historia gira en torno a los Madrigal, un clan que, gracias a un poder sobrenatural, fundó una pequeña comunidad cuyos habitantes se benefician de los dones mágicos otorgados a sus miembros. Mirabel, la joven protagonista, es la única de la saga que carece de un poder especial. Desde la canción inicial sabemos que no se habla de Bruno, uno de los tíos de la familia, que tenía capacidad de ver el futuro y que un día desapareció sin dejar rastro, causando un enorme sufrimiento a la abuela y al resto de la familia. No obstante, Mirabel está decidida a saber qué sucedió con su tío, especialmente después de enterarse de que aparecía en la última visión que tuvo antes de esfumarse.

No voy a narrar toda la película. Si no la has visto, tal vez todo esto te suene a chino. Pero si conoces la historia sabrás que el tío Bruno no vuelve para vengarse de todos y es despeñado desde lo alto de un monte. Al contrario, se nos revela que aquel que parecía el antagonista en realidad no era malo, simplemente estábamos equivocados. Bruno se alejó de la familia para protegerla, pues tenía miedo de que su poder les hiciera daño. Pero una vez reaparece, no hay castigo. Al contrario, hay reconciliación, perdón y reinserción en la sociedad. Y el mundo es mejor con Bruno.

Algo similar (con matices, claro está) parece que sucede con Frozen. La princesa Elsa es la antagonista, pues inflige una herida sobre Ana. Pero no es mala, simplemente tiene un poder que no puede controlar y que la obliga a huir a las montañas, donde no necesita reprimirlo. En este caso, la conclusión de la película pasa por la aceptación de su poder sobrenatural como un don para el pueblo, de modo que puede reinsertarse en la sociedad.

Recientemente vi el último estreno de Disney, Zootrópolis 2. La primera parte de la saga es un caso de estudio muy interesante, pero no me voy a referir a ella ahora (si me lo piden mis fans, escribiré otro post). Sin hacer spoiler, diré que me pareció una producción muy entretenida y bien narrada. Al inicio de la película se explica por qué en la ciudad de Zootrópolis no hay serpientes ni reptiles, algo de lo que igual no te habías dado cuenta. Como te puedes imaginar si tienes algo de cultura popular (¡seguro que sí, campeón!), la figura de la serpiente, ese animal venesoso que se arrastra sobre su propio cuerpo, tiene connotaciones negativas. Si lees el inicio de la Biblia verás que es la serpiente, figuración del demonio, quien tienta a la mujer para que tome la fruta prohibida.

La cuestión es que desde que se funda la ciudad en la que viven los protagonistas, cien años antes de la acción narrada, nadie ha visto una serpiente. Hasta ese momento, claro está, en el que la conejita Judy Hopps empieza a sospechar que algo está pasando cuando encuentra la piel mudada del reptil. Y efectivamente, aparece una serpiente y se lía parda. Todos los animales entran en pánico pues temen que el malvado animal pueda atacarles y rompa con la armonía en la que se sustenta la ciudad de Zootrópolis. ¿Pero qué pasa? Que la serpiente no es malvada, no es un ser despiadado que merezca ser despeñado. Al revés, es un personaje que tan solo quiere demostrar que es tan bueno como los demás y que merece un sitio en la sociedad.

¿Por qué Disney reescribe a los malos? Porque pretende ofrecer un mensaje sociocultural, que va más allá de lo narrativo. La idea que pretende inculcar en las mentes de los jóvenes espectadores con estos cambios en las historias es que los malos no siempre son malos, sino que son distintos. Y lo distinto primero hay que entenderlo, y después, si cabe, hacerle un hueco en la sociedad. Dicho de manera teórica (prometo no hacerlo más) el problema del mal deja de ser ontológico para transformarse en una cuestión hermenéutica, es decir, de interpretación, de la mirada del protagonista y del espectador sobre él.

El esquema clásico de buenos y malos se ve transformado en el nuevo panorama. La animación es un reflejo de la realidad y, como he dicho al principio, una herramienta educativa. De este modo, mediante estas historias se pretende favorecer un cambio de mentalidad. El felices para siempre ya no es la victoria rotunda del bien sobre el mal, sino la expresión de un nuevo mundo en el que el perdón, la reconciliación y la integración de las diferencias se erige como una forma de crecimiento colectivo.

Publicado por nacholaguía

Me llamo Nacho Laguía Cassany. Nací en Teruel (1998). Soy Doctor en Comunicación por la Universidad de Navarra. Anteriormente, estudié Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra (Com20) y posteriormente hice un máster en Gobierno y Cultura de las Organizaciones. Investigo en el ámbito de la narrativa del cine de animación, especialmente en el papel del héroe posmoderno y la crisis del mito. Me gusta escribir y hablar sobre cine.

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