El trabajo de animar una película es algo complejo, lento y muy laborioso, ya sea éste diseñar personajes para dibujos animados o modelar con un software de animación 3D. Pero si hay algo que requiere de un elevado grado de paciencia es la producción de una película en stop motion, es decir, aquellas que generan sensación de movimiento mediante la fotografía de objetos inanimados. Depende de la edad que tengas, te vendrán a la cabeza ejemplos como Pesadilla antes de navidad, Chicken Run o Wallace y Gromit. Tal vez no sepas decir muchos más títulos, y es que, realmente, entre la cantidad de películas de animación que se estrenan todos los años, no abundan las producciones en stop motion.
Hay algún director que ha mostrado especial cariño por el empleo de esta técnica, como es el caso de Tim Burton, quien a lo largo de su amplia y característica trayectoria ha realizado varias producciones en esta técnica. Ya sea en el papel de productor o director, ha trabajado en títulos tan reconocidos como la ya nombrada Pesadilla antes de Navidad (1993), James y el melocotón gigante (1996), La novia cadáver (2005) o Frankenweenie (2012). De hecho, esta última es un remake de aquél cortometraje que el director produjo en Disney cuando no era más que un joven animador. Es más, la película, de tono oscuro y tétrico (algo que más adelante ha caracterizado muchos de sus filmes), le costó su despido de la compañía, pues fue considerada demasiado aterradora para el público más joven.
Con otra narrativa y estilo visual totalmente distintos, también el director Wes Anderson ha llevado a cabo dos películas de stop motion a lo largo de su carrera. La primera, Fantástico Mr. Fox (2009), una genial adaptación de la obra de Roald Dahl que cuenta con las voces de George Clooney y Meryl Streep. Y la segunda, Isla de Perros (2018), una loca aventura canina que llevó la técnica hacia un notabilísimo nivel de desarrollo.
Ahora bien, si una compañía ha destacado en los últimos años por la creación de interesantísimas películas de stop motion esa es Laika Studios, compañía estadounidense que, a pesar de contar con menos de diez títulos, se ha convertido en un referente en el empleo de este tipo de animación. Su primera historia, Los mundos de Coraline, vio la luz en 2009. Enseguida llamó la atención por una estética tenebrosa, incluso tétrica en algún punto, en contraste con la luminosidad de los mundos de fantasía de Disney y otros estudios de animación. Sin embargo, si uno logra superar el rechazo que suelen ofrecer esta clase de estéticas, se encontrará con una narrativa profunda y unos personajes muy bien trabajados.
Un caso singular es el de Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016), un viaje heroico ambientado en el antiguo imperio de Japón, que de manera muy entretenida y profunda ofrece un relato sobre el duelo, la muerte y la familia guiado por un protagonista lleno de virtudes.
Hay otros títulos de la compañía que he pasado por alto, siendo honestos, porque no son tan buenos, o porque tampoco hace falta abrumar al lector ofreciendo una cantidad ingente de opciones que igual nunca llega a ver. Pero el motivo que me ha llevado a poner la atención en Laika es que hace poco más de diez días anunció el estreno de su próxima película, la sexta, titulada Wildwood.
Por ahora, más allá de las imágenes que han ofrecido, poco sabemos. En la información que se ofrece en la web del estudio se indica que «Wildwood es una historia de amor, pérdida, sacrificio y secretos, y de la magia que puedes encontrar a la vuelta de la esquina, si estás dispuesto a buscarla». La historia se basa en el libro del cantante americano Colin Meloy, vocalista del grupo The Decemberists, titulado Las crónicas de Wildwood. Como en películas anteriores de Laika, el tráiler revela una narración que mezcla el universo real con mundos de fantasía, en el que las relaciones familiares ocupan un lugar predominante. La estética oscura que es una constante en las cintas de la productora se mezcla aquí con tonos más vivos, en lo que parece un universo de cuento de hadas.
El estreno de Wildwood no está previsto hasta octubre de 2026. Cuando llegue el momento tal vez escriba algo al respecto. Por ahora, si algo me ha llamado la atención de lo poco que se puede ver de la película, es lo mismo que me atrajo de los otros dos títulos de Laika que he citado en esta entrada. Me refiero a la capacidad que tienen los creadores de profundizar en temas tan humanos y adultos con sus películas. Si algo nos ha enseñado el desarrollo de la animación es que es difícil asociar una técnica a un tipo de narrativas. Algo más sencillo es buscar unas características comunes en las películas creadas por una productora, tal como señalaba recientemente al referirme a Skydance Animation. Laika es un estudio que combina una apariencia visual tenebrosa con un desarrollo narrativo que siempre deja al espectador pensativo, y todo ello gracias al empleo de la fantasía, lo onírico y lo simbólico. Se cumple en sus películas aquello que Ricoeur dice de los símbolos: donne à penser (dan qué pensar).
