Hexed, lo nuevo de Disney, y la obsesión por las brujas

Hace apenas dos días Disney estrenó el trailer de su próxima película, Hechizo (Hexed), cuyo lanzamiento está previsto para el fin de semana de Acción de Gracias. Aunque es difícil juzgar la película por dos minutos de imágenes arrejuntadas por el departamento de marketing (cuyo trabajo valoro, pero a quienes aprovecho para pedir que no destruyan las películas), se ofrece información interesante que da pie a interpretaciones. Y sobre todo me otorga la oportunidad de seguir alimentando esta web.

Tal vez haya algún espectador que tras el visionado haya pensado lo mismo que yo: otra película de brujas. A la vez, es fácil entrever algunos de los elementos o lugares comunes que se repiten con demasiada frecuencia en los títulos animados de los últimos años. En este caso, nos hallamos frente a una joven protagonista que no encaja en su mundo, hasta que descubre que tiene un poder mágico y viaja a otro universo en el que se da cuenta de que sus diferencias no son un problema, sino un don.

¿No tiene algo de esto Encanto, Moana, Elemental, Turning Red o Luca? Desde luego, no tiene nada de novedad, y la cuestión identitaria es un tema que ha guiado el cine y la literatura juvenil desde siempre. Ahora bien, observando esta tendencia es fácil pensar que detrás de estos títulos y mediante la repetición del mensaje hay una clara intención de que ciertas ideas calen. Parece que Disney se esfuerza en repetir que es bueno que la diferencia no se excluya, sino que se haga un esfuerzo por entenderla y valorar lo que puede aportar.

A la vez, se puede argumentar que es el mensaje que el espectador joven busca. Igual tiene usted razón, y no entro a hacer un juicio de valor, sino que tan solo ofrezco unas claves interpretativas para fomentar la reflexión y la discusión.

Fotograma de Hexed

En mi tesis doctoral, que próximamente tendrán la oportunidad de adquirir en sus librerías de confianza en su versión divulgativa, me esforcé en estudiar la evolución de la mujer en Disney. Haciendo un análisis cronológico de los títulos de la compañía, y continuando lo que han dicho muchos otros autores, señalaba cómo el arquetipo femenino ha sustituido a la princesa por la heroína. Las protagonistas hace tiempo que abandonaron su rol pasivo y representacional para tomar la batuta de la aventura en su búsqueda por salvar el mundo. Pero visto desde otra perspectiva, lo que se puede concluir también es que las heroínas de este nuevo paradigma son también brujas y hechiceras. No requieren de un auxiliar mágico que les ayude con sus poderes, sino que son ellas las portadoras de ese don sobrenatural. Así le sucede a Elsa en Frozen, por ejemplo.

Ahora bien, el cambio es más profundo y radical, y no tiene que ver con una mera cuestión estética, sino que es de índole moral. Si es usted joven, pregunte a un adulto con canas qué visión tiene de las brujas. Y a la inversa. La imagen que existe en el imaginario colectivo sobre este tipo de personajes ha cambiado radicalmente, porque el cine contemporáneo se empeña a decirnos que los malos no son tan malos, y que la bruja es un personaje maltratado, malinterpretado y atractivo. La estética del mal se ha vuelto fascinante para muchos niños. Y la ética del mal queda diluida en una óptica en la que prima la comprensión de la diferencia frente a una mirada moral.

La cuestión va más allá de la animación. En una entrada anterior me referí al caso de Maléfica (que, por cierto, no es una bruja, sino un hada, tal como la conciben los Grimm). Otro caso sumamente interesante es el de Wicked, el popular musical de Broadway que en los últimos años se ha llevado a la gran pantalla en dos partes. Las películas toman la figura de la Bruja Mala del Oeste, personaje de El mago de Oz, y la ponen como protagonista, tratando de salvar su imagen. Con ello, logran realizar un ejercicio de retelling de una película y una novela que forma parte del mito fundacional de la ficción norteamericana.

Imagen de publicidad de la película Wicked

Anoche discutía con un antiguo alumno sobre la cuestión de las brujas. Desde su perspectiva, sostenía que el atractivo de estos personajes proviene también del afán por salirse del molde, de lo establecido. Ser «brujilla» es sinónimo de ser pícaro y algo malvado, pero hacerlo de forma simpática y traviesa.

Tal vez ahí se encuentre una de las claves de su éxito en las audiencias contemporáneas. La bruja ya no es una amenaza externa que debe ser combatida por las fuerzas del bien. En este nuevo contexto, y en su papel como protagonistas modélicas encarnan de manera aspiracional la posibilidad de desafiar las normas establecidas, afirmar la propia identidad y cuestionar las reglas morales y estéticas impuestas por la sociedad.

Disney, como otros gigantes del entretenimiento, ya no nos hace ver el mundo a través de los ojos de heroínas, ni mucho menos de princesas. Ahora nos invita a hacerlo desde los ojos de las brujas. Habrá que preguntarse qué querrán que veamos.

Trailer oficial de Hechizo

Publicado por nacholaguía

Me llamo Nacho Laguía Cassany. Nací en Teruel (1998). Soy Doctor en Comunicación por la Universidad de Navarra. Anteriormente, estudié Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra (Com20) y posteriormente hice un máster en Gobierno y Cultura de las Organizaciones. Investigo en el ámbito de la narrativa del cine de animación, especialmente en el papel del héroe posmoderno y la crisis del mito. Me gusta escribir y hablar sobre cine.

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